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8 errores comunes que te impiden mejorar la comunicación

Aunque no nos demos cuenta, muchos solemos cometer ciertos errores mientras mantenemos una conversación. Puede que nos lleve un tiempo ser honestos con nosotros mismos y aprender a identificarlos, pero definitivamente vale la pena si buscamos mejorar nuestra interacción con el entorno. Aprende a identificar 8 de los errores más comunes para evitarlos.

1. No escuchar

El más frecuente y el que menos nos agrada que nos suceda. Es que, seamos sinceros, en el mundo veloz y cambiante en el que vivimos solemos olvidar la importancia de tomarnos el tiempo para de veras escuchar al otro, independientemente de si lo que nos está comentando resulta de vital importancia o no.

En este sentido no hay demasiada alternativa: si te agrada que te escuchen con atención, primero tienes que hacerlo tú. Te sorprenderás de la cantidad de cosas interesantes que puedes aprender de los demás solo practicando una escucha atenta.

2. Descuidar las formas
Las palabras que pronunciamos sin duda conllevan un contenido y producen determinados efectos en el interlocutor y en nosotros mismos. Pero, si cuidamos las palabras que pronunciamos, también deberíamos prestarle atención a las formas. Intenta hablar lento, pausado y a un tono de voz medio (que no aturda, pero que tampoco sea un murmullo).

Procura, además, ser claro y transmitir cierta emoción en tus palabras para que el interlocutor observe un real interés de tu parte. Recuerda también la importancia de las pausas: añadir ciertos silencios genera una especie de «tensión anticipatoria» que provoca en el otro un deseo de continuar escuchando.

3. Hacer demasiadas preguntas
Escuchar con atención e interesarse por lo que el otro nos cuenta no quiere decir que tengamos que hacer preguntas en exceso. Es posible contribuir a la conversación de diferentes maneras sin tener que llegar a formular demasiados interrogantes.

Prueba, en todo caso, con un lenguaje gestual y corporal que le demuestre al interlocutor tu interés o simplemente limita tu interacción a una cantidad razonable de preguntas. Otra alternativa válida es combinar preguntas con afirmaciones para que la conversación pueda fluir sin que parezca un interrogatorio.
 

 
 
 
 
4. No interactuar lo suficiente
Los extremos nunca son saludables. Pues las conversaciones no son la excepción: procura hacer la cantidad de preguntas suficientes como para que la otra persona pueda percibir motivación de tu parte sin llegar a sonar pretencioso o entrometido.

Además de los interrogantes que puedan surgir (siempre acordes a tus inquietudes e intereses propios), es importante que respondas generando un aporte en base a tu experiencia. No te limites, entonces, a responder con monosílabos. Haz preguntas y proporciona información relevante a la conversación.

5. Buscar tener la razón
Las conversaciones que mantenemos usualmente no son discusiones, sino intercambios que pretenden ser, si no amigables, al menos siempre respetuosos. No pierdas tu buen humor por querer tener la razón sobre determinado tema. Si ves que tu punto de vista difiere demasiado del de tu interlocutor, simplemente relájate y escúchalo, quizás puedas aprender cosas nuevas (o al menos evitarás una pérdida innecesaria de energía).

6. Querer ser el centro de atención
Todos hemos cometido este error alguna vez. Es que ser el centro de atención resulta positivo… siempre y cuando no sea la misma persona todo el tiempo. El foco debe ir cambiando de una persona a otra. Evita, entonces, actitudes tales como interrumpir al otro mientras habla y procura encontrar un equilibrio entre hablar y escuchar.

7. Centrarse siempre en temáticas negativas
Esto dependerá mucho del contexto en el que te encuentres, pero, en general, resulta más que posible (y saludable) evitar tocar temas negativos de la actualidad o incluso de la vida privada, tanto propia como ajena. Incorpora, entonces, buena vibra a cada una de tus conversaciones y verás que tanto tú como tu interlocutor lo disfrutarán a pleno.

8. Ser aburrido
Para desarrollar esta habilidad hacen falta dos características: autocrítica y moderación. Puede que un tema en particular realmente te interese y llene de alegría tu vida, pero recuerda que ese efecto no tiene por qué darse en todas las personas con quienes mantienes una conversación.

Entonces, si ves que llevas hablando 10 minutos de tu nuevo trabajo y la otra persona solo responde con monosílabos y mira hacia los costados, no continúes, ¡cambia de tema! Este sería también un buen momento para realizar alguna pregunta que vuelva a captar la atención de tu interlocutor.

Desde no escuchar con atención a querer siempre ser el centro de atención, no son pocos los hábitos que deberíamos modificar si quisiéramos mejorar nuestra forma de comunicarnos en el día a día. Estos tips pueden ayudarte a modificarlos para mantener conversaciones gratificantes.