Sábado, 24 de enero del 2026
Cuando pensamos en daño hepático, casi siempre lo asociamos con el alcohol. Sin embargo, hay bebidas que se consumen a diario y que, aunque no contienen alcohol, pueden afectar seriamente la salud del hígado si se toman con frecuencia. El problema no es una sola toma ocasional, sino el consumo constante y en grandes cantidades.
Los refrescos contienen grandes cantidades de azúcar, especialmente jarabe de maíz de alta fructosa. Este tipo de azúcar se metaboliza directamente en el hígado y, en exceso, favorece la acumulación de grasa hepática, aumentando el riesgo de hígado graso no alcohólico.
Aunque se vendan como “naturales” o “con vitaminas”, muchos jugos envasados contienen más azúcar que una soda. Además, casi no cnservan la fibra de la fruta, lo que provoca picos de glucosa que el hígado debe procesar rápidamente.
Estas bebidas combinan altas dosis de azúcar, cafeína y otros estimulantes. Consumidas de forma habitual, pueden generar inflamación hepática y sobrecargar el metabolismo del hígado, especialmente en personas con resistencia a la insulina o problemas previos.

A diferencia del té natural preparado en casa, los tés comerciales suelen llevar azúcar añadida, saborizantes y conservadores. Su consumo frecuente puede contribuir al desarrollo de hígado graso sin que lo notes, ya que suelen percibirse como una opción “ligera”.
Diseñadas para atletas de alto rendimiento, estas bebidas aportan azúcares simples que no siempre son necesarios. Si se consumen sin una actividad física intensa, el exceso de glucosa termina almacenándose como grasa, incluida la del hígado.
Aunque lleven fruta o leche, muchos licuados de cafetería incluyen jarabes, cremas, azúcar extra y toppings. En conjunto, pueden convertirse en verdaderas bombas calóricas que el hígado debe procesar constantemente.
Aunque no contienen azúcar, muchas incluyen edulcorantes artificiales que, según diversos estudios, pueden alterar el metabolismo y la microbiota intestinal, influyendo de forma indirecta en la salud hepática cuando se consumen en exceso.
Cuidar el hígado no solo implica evitar el alcohol, sino también prestar atención a lo que bebes todos los días. Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia a largo plazo.
Fuente: cocinafacil.com
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