Jueves, 18 de junio del 2026
Cada cuatro años, millones de personas viven la Copa del Mundo con una intensidad difícil de explicar. Un gol en el último minuto puede provocar abrazos entre desconocidos, mientras que una eliminación inesperada es capaz de arruinar el ánimo durante varios días. Aunque parezca exagerado, la psicología tiene una explicación para este fenómeno.
Más allá de los resultados, el Mundial toca aspectos relacionados con la identidad, el orgullo y el sentido de pertenencia. Por eso, para muchos aficionados, el torneo es mucho más que un simple campeonato de futbol.
Basta observar las reacciones que tuvo la afición en Guadalajara cuando la Selección Nacional de Futbol de México hizo su llegada a la Perla de Occidente de cara a su enfrentamiento contra la Selección de Corea del Sur por el Mundial 2026. Cientos de aficionados rompieron en algarabía y llanto al ver a sus ídolos.
¿Por qué sentimos que el equipo también somos nosotros?
Los especialistas en psicología señalan que los aficionados suelen desarrollar una fuerte identificación con sus selecciones o clubes. Con el paso del tiempo, ese vínculo se vuelve tan profundo que el equipo termina formando parte de la identidad personal.
De ahí que sea común escuchar frases como “ganamos” después de una victoria, aun cuando quienes celebran jamás hayan pisado una cancha profesional. El triunfo del equipo es interpretado por el cerebro como una especie de logro compartido.
Durante una Copa del Mundo, esta conexión se vuelve todavía más intensa, ya que entran en juego elementos como la nacionalidad, la historia y el orgullo colectivo.
¿Por qué perder puede ser tan doloroso?
La misma relación emocional que hace tan especiales las victorias también explica el impacto de las derrotas.
Cuando una selección queda eliminada, muchos aficionados experimentan tristeza, frustración e incluso vergüenza. La sensación puede parecer desproporcionada, pero tiene sentido desde el punto de vista psicológico: si una persona siente que el equipo es parte de sí misma, el fracaso también se percibe como algo propio.
La Copa del Mundo amplifica estas emociones porque las expectativas son mayores y el sentimiento nacional suele alcanzar su punto más alto. No es extraño que una eliminación dramática deje a millones de personas con una sensación de vacío comparable a la que provocan otras experiencias emocionales importantes.
Fuente: esquirelat.com