Viernes, 16 de octubre del 2026
Todavía no termina el verano y los supermercados ya ofrecen pan de muerto, calaveritas de azúcar y decoraciones de Halloween. Poco después aparecen los árboles navideños, las esferas y los regalos, aunque falten varios meses para diciembre. Esta estrategia comercial, que busca prolongar las temporadas de venta, también puede influir en nuestras emociones y en la manera en que percibimos el paso del tiempo. Sin embargo, no existe evidencia científica sólida de que encontrar artículos festivos anticipadamente provoque, por sí mismo, daños psicológicos.

Uno de los efectos positivos está relacionado con la nostalgia y la anticipación. Investigaciones publicadas en la revista Emotion han demostrado que recordar experiencias agradables del pasado puede fortalecer los vínculos emocionales y favorecer el bienestar. Por ello, encontrar productos tradicionales como el pan de muerto puede despertar recuerdos familiares, mientras que las decoraciones navideñas generan entusiasmo por las celebraciones próximas. No obstante, estas emociones dependen de las experiencias personales: para algunas personas las festividades también representan pérdidas, conflictos familiares o recuerdos dolorosos.

La otra cara aparece cuando la publicidad se vuelve constante y las celebraciones comienzan a relacionarse con obligaciones económicas. Una investigación publicada en el International Journal of Research in Marketing encontró que la repetición frecuente de anuncios puede provocar molestia en los consumidores. A esto se suma que, de acuerdo con una encuesta de la Asociación Estadounidense de Psicología realizada en 2023, el 89 % de los adultos estadounidenses identificó al menos una fuente de estrés durante las fiestas de fin de año, principalmente por cuestiones económicas, ausencia de seres queridos y conflictos familiares. Aunque estos datos no demuestran que adelantar la Navidad cause ansiedad, sí permiten comprender cómo las expectativas comerciales pueden sumarse a preocupaciones que ya existen.
Los especialistas en bienestar psicológico recomiendan evitar que la celebración se convierta en una obligación de compra y ajustar las expectativas a las posibilidades económicas y personales. Disfrutar un pan de muerto en agosto o emocionarse al ver el primer árbol de Navidad no representa un problema; tampoco es necesario comenzar a comprar regalos o decorar únicamente porque los establecimientos ya lo hacen. La clave está en conservar el significado personal y cultural de cada tradición, sin permitir que el calendario comercial determine cuándo debemos empezar a celebrarla.
Fuente: planoinformativo.com