Jueves, 17 de septiembre del 2026
Los pies suelen quedar fuera de la rutina diaria de cuidado personal hasta que aparecen resequedad, durezas o las molestas grietas en los talones. Sin embargo, mantenerlos suaves y saludables no requiere tratamientos complicados: la constancia y una buena hidratación pueden hacer una gran diferencia.
La piel de los talones tiende a resecarse con facilidad debido a la presión constante al caminar, el uso de calzado abierto, el clima seco y la falta de hidratación. Cuando pierde demasiada elasticidad, puede endurecerse y comenzar a agrietarse.
Un baño de pies con agua tibia durante aproximadamente 10 minutos puede ayudar a suavizar la piel endurecida. Es importante evitar el agua demasiado caliente y los baños prolongados, pues pueden eliminar los aceites naturales de la piel y aumentar la resequedad.
Después del baño, una piedra pómez o lima especial para pies puede ayudar a retirar poco a poco la piel muerta. No es recomendable cortar las durezas con navajas, tijeras u otros objetos, ya que existe riesgo de provocar heridas e infecciones.
La exfoliación tampoco debe realizarse todos los días. Una o dos veces por semana suele ser suficiente para mantener la piel más uniforme.
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Después de secar perfectamente los pies, especialmente entre los dedos, aplica una crema hidratante en talones y plantas.
Los productos que contienen urea, ácido láctico, glicerina, ceramidas o vaselina pueden ayudar a suavizar la piel y mantener la humedad. En caso de resequedad intensa, una capa de crema o vaselina antes de dormir acompañada de calcetines de algodón puede potenciar la hidratación durante la noche.
Evita colocar cremas muy grasosas entre los dedos, pues mantener esa zona demasiado húmeda puede favorecer la aparición de hongos.
Las sandalias abiertas y los zapatos que dejan el talón sin soporte pueden favorecer que la piel se expanda y se agriete con mayor facilidad. Alternarlos con zapatos cómodos, cerrados y de la talla adecuada puede ayudar a reducir la presión.
También es conveniente utilizar calcetines limpios y transpirables, especialmente si los pies sudan con frecuencia.
Las pequeñas fisuras pueden mejorar con hidratación constante, pero si las grietas son profundas, sangran, duelen, presentan inflamación o signos de infección, lo recomendable es acudir con un profesional de la salud.
Las personas con diabetes, mala circulación o problemas de sensibilidad en los pies deben evitar tratamientos caseros agresivos y consultar antes de utilizar limas, exfoliantes fuertes o productos para eliminar callosidades.
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El secreto para unos pies cuidados no está en exfoliar agresivamente, sino en mantener una rutina constante: limpieza suave, secado adecuado, hidratación diaria, exfoliación ocasional y un calzado que proteja correctamente los talones.
Dedicar unos minutos a los pies cada día puede ayudar a mantenerlos suaves, saludables y listos para lucirlos sin importar la temporada.
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